Saqueos y las postales de la burguesía

Debemos reconocer que los saqueos, las desestabilizaciones políticas y las operaciones económicas de intereses concentrados de poder que se encubren tras estas prácticas no son historia nueva sobre el territorio nacional. De hecho, es experiencia común la de estos golpes socio-económicos perpetrados hacia diversos gobiernos en la reciente historia de la democracia desde el año 1983 a esta parte.

No faltarán aquellos que encuentren en la actividad de estos grupos opositores al gobierno faltas que atribuir al propio gobierno que aquellos buscan desestabilizar. Burgueses neófitos en asuntos de análisis político que han encontrado tras la panacea del menemismo un lugar confortable para expresar su odio visceral en una insostenible exposición de términos que solo agranda su ignorancia lejos de aminorarla.

Lo cierto, después de todo, es que en este conflicto hay dos poderes enfrentados. Por un lado, el de un gobierno electo democráticamente y contrapuesto a éste, el de corporaciones económicas con fines espurios y ajenos a todo aquello que no sea incrementar aun mayor riquezas para sus arcas.

Ningún individuo que se profese como democrático no podría sino estar del lado de un gobierno electo el cual, sea cual fuere su color partidario, es la constitución institucionalizada de la voluntad de los hombres y mujeres a lo largo y a lo ancho del suelo patrio.

Pero claro que no siempre podemos darnos el lujo de expresar abiertamente nuestros más oscuros deseos inconfesables. Pero ese tiempo empieza de a poco a llegar a su fin.

Claro, son los Ka-kas, son los negritos de mierda, la lacra humana en su máxima expresión, son la escoria que vomitan las inmundas periferias de las grandes urbes, y no, no son decididamente humanos.

Lo cierto es que en esta contienda de poderes titánicos, los individuos comunes, medios, con escasa incidencia en los asuntos preponderantes de una sociedad, son utilizados y movilizados de un extremo al otro de la gran esfera ideológica y arengados para que repercuta en sus calles, en sus televisores, en sus espíritus, el caldo de cultivo que se busca constituir para que la sensación de anarquía gobierne al mundo que conocemos. Es en estas circunstancias que los pequeños burgueses, nosotros, nos percatamos de lo diminuto de nuestro mundo. Es muy pequeño. Entonces accionando sobre ese miedo como mengueles adoctrinados en las artes de manejo de miedos colectivos, nos motorizan a correr como hormigas asustadizas: después de todo, han pisado nuestro hormiguero de cristal.

El efecto lo han logrado. Felicidades a todos ustedes, burgueses asustadizos, cobardes fascistas que se encubren en pelos largos y en palabras suculentas, porque el día que han soñado ha llegado finalmente. Nada podrá, creo, impedirles ahora sí, sin fundamento alguno porque nunca lo han necesitado, arremeter con toda fuerza sobre las instituciones que tanto dolor nos han costado como sociedad.

Que los políticos tienen la culpa…

Como si fueran ellos miembros de una raza extraterrena que viene a colonizarnos a nosotros, los pobres inocentes que día a día NO hacemos posible que la maquinaria continúe avanzando sobre millones de vidas que se pierden al costado del pavimentado camino del progreso. NO, no es responsabilidad nuestra. Porque la culpa es del otro.

Es muy posible de hecho, que el coraje y convicción férrea que ha caracterizado a los que llevan a cabo este proyecto nacional los mantenga en pie tras esta traba perpetrada por aquellos intereses ocultos, inconfesables, de los que todos nos hemos contagiado alegremente.

Pero también es cierto que este es el punto sin retorno. No hay días felices por delante, porque somos una sociedad corrupta. No hay santos y demonios en esta contienda. Todos somos cómplices directos de los millones de hombres y mujeres, niños y niñas que gritan el hambre en los márgenes de nuestros pequeños feudos.

Que la sombra que proyectan sus gritos ha llegado manipulada, sí, pero pisa firme sobre el living de nuestras casas, y ese es un hecho del que no podremos volver.

De ese grito, y de los que direccionan el grito, utilizaremos aquel que más nos convenga, para profundizar nuestra corrupción sistémica hasta límites insospechados incluso para nosotros mismos.

El circo ha sido abierto y creo, todos están invitados a vomitar su primitivismo sobre la gran arena que se nos ha desplegado ante nuestros pies. Circo armado, constituido con fines precisos y foráneos a los nuestros, pero apuntalado con dolores y estigmas que hemos sabido conseguir a lo largo de muchos años.

Lo bueno, es que el tiro para aquellos que creen disparar el arma, les saldrá por la culata. Creo a todos les saldrá el tiro por la culata.

Del Averno nos traeremos una bestia hermosa pero terrible, y están los que ya la hemos visto reflejada en esos tibios ojos progresistas de ojos chicos pero de lengua larga.

Lo que se viene es inimaginable, incontrolable, imposible…y eso es lo mejor que podría pasarnos.

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A nosotros, los que de allí venimos…

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