AUSENTE DE NOMBRE

Se mueven los cuerpos, se mueve la Tierra, se mueven los lugares, se mueve la mesa, se mueven los viejos, se mueven los rostros, se mueven los platos. Las manos, que también se mueven. Todo se va desplazando y se aleja de a poco de nosotros. Los recuerdos son los lazos con los que intentamos retenerlos, pero no hay con qué darle: la memoria también se mueve. 
Se mueven los “te amo”, se mueven los sueños, se mueven las voces, se mueven las risas, se mueven las lágrimas para afuera y las lágrimas para adentro.
Se mueve la vida hacia los cementerios, y los cementerios que también se mueven. 
Pasaron Buenos Aires, Aguilares, y quién sabe de cuántos me he alejado así, imperceptiblemente. 
Se mueven los techos, se mueve el cielo, se mueven los astros, se mueve la sangre. 
O el movimiento es un atributo del tiempo o lo mismo que él. Pero se mueve, todo se mueve. 
Si el universo es circular, aun queda la expectativa de que todo ello que se mueve volverá a pasar. Y si la condición de su repetición es la circularidad, la memoria es circular, el alma es circular. Y si dentro del alma los recuerdos también se mueven, es porque dentro del alma hay algo también que es circular. 
Y si todo se mueve y es posible decirlo, es porque hay algo que se resiste y persiste a ese devenir. 
La única condición que permite que esperemos que lo que se mueve y que ya pasó vuelva a aparecer es la memoria. Es ella y ninguna otra, la que otorga al alma la forma de esta circularidad. La única condición que nos permite captar al tiempo y al movimiento, es recordar. 
En el recuerdo todo vuelve, cambiado o no, pero todo retorna al punto que ya no está. Recordar es negar a la lógica que parece imponer el tiempo, pero también el único modo que tenemos de afirmarlo. 
Si recordásemos todo, estaríamos fuera del tiempo. Si no recordásemos nada, seríamos lo mismo que el tiempo. 
Si podemos decir algo acerca del tiempo, es porque hay algo en nosotros que no es tiempo. Si no podemos vivir fuera de él, es porque hay algo en nosotros que es todavía tiempo, que es todavía olvido. 
El tiempo o bien es lo mismo que el olvido, o un atributo de él. 
Los astros giran sobre las cúpulas del firmamento, y nada nos da la certeza de que el sol saldrá mañana nuevamente, excepto por el recuerdo que nos dicta que así será porque así fue ayer. 
La memoria nos limita y nos hace presos del tiempo, que es un olvido enmascarado bajo la forma de un recuerdo. 
Pero los recuerdos también se mueven y cambian, como también lo hace la historia. Historia que nos hemos impuesto para vivir en el tiempo en donde todo se mueve, para someterla, para coordinarla a nuestros fines. 
La Historia se está despedazando porque estamos olvidando y convirtiéndonos en tiempo. 
Pero pronto recordaremos de nuestro olvido, recordaremos nuestro tiempo, y no habrá que recordar ni esperar más.Imagen
Porque llegará el día en el que estaremos sobre él, y si sabemos que llegará, es porque ya pasó: puesto que si podemos conocer, es porque también podemos recordar…fuera del tiempo.

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