Madre Tierra

Concedamos al silencio del poeta la Carta Maestra.

Conserva tú, a la ausencia muy cerca del alma, para cuando allá en el tiempo estalle la contienda. Que cuando el mundo trémulo vague como un mendigo, que no se conmueva ni aún estremecido, en tu voz la fortaleza.

Que en tus ojos se haga ciencia la destreza, de distinguir de entre muchos quienes serán en tu corazón los bienvenidos.

Que como cuando un padre socorre a su niño, que sea el peligro y no nosotros, el que huya en vergüenza.

Presto seas a tender la mano al que en dignidad y aún caído, sostenga fija su mirada frente a la amenaza del enemigo.

Que sólo con amor y locura es imaginable la Justicia, grita pronto conmigo en los oídos de la Madre Tierra.

Grita fiero y con braveza, que hemos llegado tarde pero a tiempo…

…que ruge todavía vivo de las cumbres el viento, y que somos nosotros los que ya comenzamos a transitar Su Senda…

Descalzos de huellas, desde tiempos inmemoriales, hemos emprendido camino.

Lágrima a lágrima, codo a codo, latido a latido.

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