Gemelo perdido

Los ojos nunca dejan de observar.
Y no hay escapatoria.
Los párpados son tan relevantes como los paraguas cuando se avecina el huracán.
Insostenibles, innecesarios, redundantes.
Los ojos son dos heridas abiertas en el alma desde donde se desborda la vida cuando con vivir no alcanza.
Entonces un epitafio se imprime en la piedra a trazo de lágrimas.
Un sembradío de lápidas ciegas pareciera contorsionarse en una danza de persecución a la Luna, como girasoles invertidos.
En las tumbas, por lo bajo, lo muerto se sueña.
Y huele a vos, hermano fantasma, huele a vos.

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