Cosas que suceden en el transporte público

La línea de colectivo en la que viajo al mediodía tiene un extenso trayecto interurbano del cual no recorro ni siquiera una cuarta parte. Recientemente renovó muchas unidades y ahora todas cuentan con un estéreo y parlantes en la última fila. Podría decirse que paralelamente se implementó una política respecto a la música seleccionada (suele ser alguna estación de radio pasando easy-listening de hace más de 10 años) pero a veces en las primeras 20 cuadras, que es donde subo y cuando la unidad está más vacía, algún chofer suele tomarse la libertad de poner alguna cumbia y de subirle el volumen lo suficiente para que la misma se escuche incluso antes de abordar. Este hecho no suele ser una molestia porque porto mi propia música desde que el señor Wilson Alkman inventó los auriculares.

No obstante, este viernes estaba hablando por teléfono mientras subía al colectivo y para cuando corté sonaba esta canción en la radio.

Todavía pensaba en otros asuntos cuando noté una voz un par de asientos atrás coreando a muy bajo volúmen el “déjame intentaaar, déjame intentaaaar”. Mi compañera de asiento gira brevemente la cabeza como buscando el origen de la voz pero sin ser demasiado evidente, luego desiste de su búsqueda y continúa escribiendo en su blackberry. Segundos después se escucha un poco más fuerte “déjame quererte como nunca nadie te ha querido…” y ya a nadie parece llamarle la atención.

Unas palabras del locutor, otra canción, esta un poco menos conocida y la chica blackberry se baja del colectivo dejándole el lugar a un muchacho presumiblemente destetado con alimento para elefantes. El tipo sobresale bastante del asiento que compartimos pero no parece ir incómodo. El colectivo ya viajaba completo cuando el cantor del último asiento reanuda su recital mientras la radio reproduce:

Entonces se suma el recién sentado repitiendo “corazón con corazón, en un solo salón, dos bailarineees” y yo siento que estoy en un flashmob. Mientras se suma otra voz unas filas más adelante, sube un vendedor de chocolates –el mismo que otros días es completamente ignorado- y hace el negocio del día en un clima muy diferente al de costumbre.

El feliz vendedor todavía cuenta billetes de 10 pesos cuando mi celular vuelve a sonar. Los románticos latinos abandonan abruptamente su tarea y yo no puedo evitar sentirme culpable por la interrupción, pero para fortuna del pasaje mi parada está muy cerca. Antes de descender del colectivo puedo escuchar nuevamente el improvisado coro y tengo la sensación de estar regresando de una dimensión paralela.

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2 pensamientos en “Cosas que suceden en el transporte público”

  1. ♪♫ hacer que te olvides, de amores pasados y sientas conmigo que nunca has amado ♪♫ (que pretencioso…).

    Posta que esto suena cuando voy en el bondi, pero no tuve el placer de disfrutar del coro. La “magia” de la vida.

    1. La magia se dá solo una vez cada 540 años cuando febrero es bisiesto y hay 5 fines de semana en marzo… Es probable que tres borrachos pudiesen intentar el truco tambien, claro 🙂

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