¡Entrevista exclusiva!

De muy buen humor y haciendo gala de una timidez inesperada, nuestro entrevistado nos tiende la mano y se dispone a iniciar una amena conversación. Cuenta más de 5.3 millones de seguidores en twitter (con un enorme porcentaje de admiradoras de sexo femenino), aunque prácticamente no lo usa. “He pensado en darlo de baja, pero me halaga ver que cada día entre 50 y 100 nuevas personas desean saber sobre mi” nos confiesa casi avergonzado por sonar poco modesto… ¿Pero quien podría darle la espalda a semejante caricia al ego?

“Lo más agobiante de la fama es tener que responder siempre las mismas preguntas”, reflexiona a continuación tomándose el mentón con la mano izquierda, “¿Te gusta más tal o cual cosa?, ¿Qué opinas de tal y tal otra persona?, ¿Cuál es tu libro, color, canción favorita?, ¿La palabra que más te gusta?, ¿Un lugar en el mundo? y demás fórmulas, a las cuales trato de dar una respuesta diferente cada vez solo por entretenimiento, aun a riesgo de sonar contradictorio”. Es consciente de las reglas de la popularidad y nos cuenta muy animado como ha armado mentalmente, a modo de ejercicio, nueve complejos personajes diferentes que usa a la hora de conceder entrevistas. “A veces confundo un poco algún detalle u olvido cual fue el último personaje que utilicé”, comenta con una carcajada.

Asumiendo el riesgo de sonar como aquellos aburridos encuestadores, nos animamos a consultarle sobre algo tópico entre los famosos “¿Cuál es la pregunta que más le hacen y que más le cuesta responder?” Su rostro jovial de repente pierde un poco de brillo y desvía sutilmente la mirada hacia el piso. “La pregunta más repetida en internet, coincidentemente con otras celebridades, es sobre la identidad. A diario al menos una persona me escribe diciendo ‘de verdad sos Brad Pitt? :DDDD’”. Con infinita paciencia y tratando de estar a tono con tanto entusiasmo algunas celebridades optan por ofrecer un corto y expresivo “Siii” y en ocasiones dedican una foto instantánea a quienes coinciden en un mismo momento en la consulta.

“Lo difícil en mi caso es cuando debo aclararles que no soy el actor de Hollywood”, completa a media voz Brad Pitt (23), estudiante de administración de empresas. “La gente no se toma muy bien la decepción, las que peor reaccionan son las más jóvenes, algunas me han dedicado insultos que harían sonrojar a la barrabrava de Boca, pero son solo palabras en el éter”, completa Brad encogiéndose de hombros pero tratando de sonar convencido. Consultado por la posibilidad de cambiarse de nombre, nos responde de forma severa “Sería una deshonra a mis antecesores. Mi difunto abuelo, Juan Carlos Pitt, llegó a este país y trabajó muy duro para hacerse un nombre” cuenta con un ensayado discurso el heredero de “Panaderías Pitt”, la popular cadena de horneados rápidos.

Pero las dificultades del joven Pitt no son nuevas. Aunque sus amigos le advierten que es algo que fácilmente podría explotar en su favor, él atribuye su soledad crónica a ser inevitablemente comparado con su homónimo, quien probablemente sea el tipo más genial que ha pisado tierra. “Es millonario, solidario, trabaja en la industria del entretenimiento y es bueno en lo que hace” reconoce con la mirada extraviada y un leve balanceo lateral de la cabeza. “¿Además, viste los caramelos que se come?” añade cambiando el tono en un forzado intento de apuntar su propia masculinidad, pero vuelve rápidamente a enumerar virtudes con la mezcla de admiración y azoramiento anteriores. “¿Sabias que le gusta la arquitectura? Pero no necesitó ser parte de esa raza de morlocks llamados arquitectos… no, lo suyo es un hobby… ¡un hobby!” continua balbuceando.

Nos levantamos en respetuoso silencio y dejamos que nuestro interlocutor continúe su rico diálogo interno, cuando presenciamos que las personalidades creadas empiezan a aflorar y debatir acaloradamente (una de ellas recurre a la violencia física y se muerde una mano pero desiste rápidamente al comprobar la contundencia de los dientes). Aprovechamos que parece mirar a través nuestro –mientras continua hablando- para dirigirnos al bar de la otra cuadra y pasar en limpio la desgrabación de nuestra charla. Finalizada la labor, recordamos a los restantes Brad Pitt del mundo y  tomamos conciencia de su lucha diaria. Bebemos en su honor el último escocés de la tarde antes de enviar nuestro artículo a la Redacción.

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