Peces y cruces

El cuerpo mancillado yace perdido, extraviado en el dolor proferido por su señor de lo alto.
Claro que él sufre, y en ese sufrir exige retribuciones.
Exige redención, y venganza.
Sintetiza simultáneamente deseo de justicia y un odio abismal para consigo mismo por no haber podido librarse del karma de los otros aquellos designios.
Desde entonces, nos viene iluminando con el fuego de su enigmático espíritu de santidad.
…que no es más que esa revancha tan esperada.
…que no es más que la esperanza de su amor futuro perturbada por su infernal odio presente en la figura de todas las sombras que la humanidad proyecta tras su ensalzado “sentido común”…

En el desarrollo de su historia, el también busca conocerse.
Toda la historia de su encarnación no es más que manifestación de ello.

Derrotado y triunfador, víctima y victimario, holocausto y verdugo…

Todo ello junto en su mano que simultáneamente al sí, afirma un no.

(…)

Nadie puede juzgarnos…
Ya que el juicio de aquel ya no pesa sobre nosotros…
Sino sobre Vos…

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