El martirio de la luz

En el portal, sobre las balaustradas de la casona de abril…

Un cuerpo de anciano pende entre las fugaces líneas que traza el tiempo en su afán de comunicarse con el tiempo.

La fascinación de la carne por la inercia, y los suspiros que se debaten vida entre cada visión de Nix tremenda, orgías del habla y pampsiquismos de la mente.

Escuadra dorada, ligeramente posabas tú la norma de la regla que iría en dirección al mundo a medirlo: acaso fraccionarnos en pequeños abismos de té de ambar.

Un beso te raptaría, para que desde aquel entonces sepas, que los dioses que se acercan a los hombres, caen víctimas de sus mismas virtudes…

Una cruz circular entonabas en el arte amatorio, mientras en el  desierto, dejaste al demonio hablando solo…

Preso de tu infierno.

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