Cada tanto

Inhalar tus ojos.

Acariciar con el olfato el arco que en tu columna anuncia cúmulos nimbos.

Escribir sobre tu perfume pidiendo permiso a las manos para nacer…

De tu boca, a mis ojos.

Testamento de tiempo que surca el néctar de habernos conmovido en la fugacidad.

Desconociendo al brillo que emana de los días como los de hoy.

Y mejillas que evocan al mar…

Y a cómo nos enseñaron a amar…

Sueltos, y sin firmamentos.

 

 

Gitanita mía, que lo tiró…

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