LAS CIUDADES Y EL TIEMPO

Solo si uno viaja de noche, y con rumbo constante hacia el sur, es que se topará con Amelia. El viajero pasajero se encontrará con una ciudad sin demasiados encantos. Quizás la mirada fugaz de una hermosa joven al salir del conservatorio, o las formas de las sombras de unas ramas de lapacho que se desplieguen sobre el patio de un rancho humilde, puedan, dadas las correctas circunstancias, despertar en el turista una acogedora sensación de belleza. Pero no mucho más que ello.

Distinta es la situación del viajero que llega a la ciudad y se queda durante un tiempo estipulado de año y medio. Cuentan los que saben, que Amelia necesita de ese tiempo de ser observada, degustada, habitada, como para mostrar su verdadero rostro. Así dicen, al menos, los que la han conocido por varios años.

Lo que sucede en ese año y medio, es que paulatinamente las callecitas empiezan de a poco a cobrar vida. Los olores de las alcantarillas que en un comienzo podrían resultar molestos, transmutan en aroma de azahares. Los ancianos parecen rejuvenecer con el paso de ese tiempo estimulado quien sabe por qué fuerza sobrehumana. Los penitentes y hambrientos lentamente parecen cobrar color en sus rostros, hasta abandonar por completo su condición.

Y cómo es que Amelia logra esta quimera, lo que hace de Amelia una ciudad única.

Dicen que los habitantes de Amelia se transforman, cambiando de roles. La hermosa joven del conservatorio se disfraza de anciana, el panadero muda de ropas para ocupar el lugar del alguacil, y así.

He intentado preguntar a los exploradores que dicen haber encallado en esas tierras por esta singular práctica, pero no he encontrado demasiadas respuestas convincentes.

Me gusta pensar a Amelia como ese lugar en el que el sol es y no es, los niños juegan y no juegan, las alegrías son y no son, los ranchos caen y no caen. Me gusta pensarla como ese lugar en el que todo cambia tras un tiempo, para mantener a sus bellezas efímeras rotando en un ciclo de año y medio, impregnándolas en pequeñas postales sutiles que la continúen haciendo atractiva para los cada vez menos pacientes viajeros casuales.

Lo cierto es que deben hacerlo también, porque pasa el tiempo. Y están envejeciendo.

(Me he tomado el atrevimiento de tomar el formato de relatos de Italo Calvino en “Las Ciudades Invisibles”, y contar una historia propia, que narra los aconteceres y figuras que se han proyectado sobre mí en este último tiempo bajo la omnipotente efigie del símbolo.)

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7 pensamientos en “LAS CIUDADES Y EL TIEMPO”

  1. mordi says:
    *ese es un texto “citado”?
    Gastonelle says:
    *no
    mordi says:
    *tons
    *explayate
    Gastonelle says:
    *es decir, tomo el formato del libro de Italo Calvino “ciudades invisibles”
    *ok
    mordi says:
    *AP!
    *sos grosso y yo inculto

    1. Mierda que es grande el riesgo de chatear con usted, señor Admin…

      por ejemplo, ahora soy usted, Gastonelle.

      y mi nombre se escribe: ADMIN.

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