OTROS MUNDOS DESCONOCIDOS

Está bien, estoy muerto. Mi lápida es este silencio: y ese silencio mi condena. Muerto estoy, estampado entre los carteles lumínicos de la ciudad. Me han enseñado a ser un aviso publicitario, y debo ser claro en lo que intento vender. Venderme al mejor postor. Como se tiran los envoltorios, hemos dilapidado la ciudad de tanto muerto en la vereda. Allí quedé, pero no es la primera vez: solo ha mutado el escenario. No se ofrecieron buenos servicios, y entonces nos excusamos del privilegio del compromiso en el pleno uso de la garantía: ese pergamino que nos protege de la muerte social.
Marchitan y viajan tropeles, casi como ejércitos de almas. Contaminado cielo que exquisito hemos tapado con el ahínco de nuestra presencia. Son solo palabras: todos son solo palabras. Palabras, que intentan alcanzarnos. Y roza el aire el rostro de tu ausencia: como asiendo lo impenetrable. El aire sopla, e inclina la mirada: voltea el dorso del mensaje y nos paraliza. Pero son solo palabras. Palabras, solo eso somos. Vendernos, y caducar en el trayecto. Entonces tuvimos que aprender mejor a vendernos: al mejor postor.
La procacidad se vio humillada por la sencillez de sus trazos: corrimos para no ceder. Perdimos, por miedo a ganar en detalle. Asimos a la muerte, y transitamos este destello.
Sinceridad le dicen a ese cometido de yuxtaponerse con delicadeza: por locura entonces, entendemos la sombra que proyectan nuestros ecos al recordarse.
Regatear, hacer usufructo, coincidir, establecer, armar el contexto, vilipendiar, inscribir en la carne el pasatiempo, callar. Somos solo palabras. Avisos publicitarios, que son solo palabras. Porque tenemos que decirlo: hasta entendernos. Y no importa si en el camino desaparecemos: basta con haber dejado presente el concepto. Los oídos duelen. Los pies duelen. Los cuerpos incineran al sol al descubierto. Y hace calor en el cielo. Como si el infierno hubiese elevádose por efecto de presión. Y se han perdido sin encontrarse. Por esto o aquello, se cruzan líneas en el plano bidimensional. Y estamos muertos. Y no hay palabras para describirlo: porque no hay forma de inventarlas si no se las conoce. Esconderse, especular, plantar el escenario precedido en los sentimientos: lujo de estadistas.
Está bien, estoy muerto. Y es el fantasma de esa historia estas palabras. Y es el eco de ese recuerdo este fantasma. Y es la historia de esa muerte esta historia. Sacerdotes de Otoño flotan por sobre los miembros esparcidos en busca de una respuesta. “Es en vano”, me digo. Y grito al descubierto, disfrazando en silencio al sentido. Sea quizás y tal vez, que tampoco sea yo el que haya perecido.
“¡Eureka!”, escucho allá en el bajo fondo…y después de haber dicho esto, dicen que encuentran a un cuerpo seco. Barre el viento las hojas, porque todas son solo palabras. Son solo conceptos.

Aunque tan solo dure un instante ese sinsentido. Aunque haya prolongado todo este tiempo su rostro vacío: enmascarado en ese silencio, en el que ha escondido una mueca…esa mueca.

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6 pensamientos en “OTROS MUNDOS DESCONOCIDOS”

    1. Si, también considero que es muy largo el texto. Es tan solo un borrador que lo mandé sin demasiada corrección. Salió no obstante un texto enorme con algunas mínimas ideas lúcidas esparcidas en toda su extensión.

      Brindo por ellas! Y por las ideas no tan lúcidas del medio, que me sirvieron de puente entre estos destellos!

      Pero sí, nmo me gustó mucho. Lo borraría. Pero algo me dice que está en donde debe estar: ya que no creo que lo publique nunca sin que pase antes por una rigurosa inquisición gramatical.

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