Inclinada Vergüenza

Encuéntrame esta noche: que será la última bajo la que me puedas encontrar. Desaparece de los ritos de esta noche: porque hemos venido a advertirte de tu pronta extinción. No caímos tan alto como para redimirte, y Jesús el Cristo tuvo un hermano maldito: acaso él mismo. Estampan los rostros como jinetes sin dominio por sobre los muros de nuestros muros: acaecerá por la noche. Última noche. Vaticinio ese que tú no velas, cuando morimos todos juntos. Dicen dormir: no, sino encontrarte.
En lo alto el dios omnimpotente recela los vastos edificios: han de ser estacas para su caída vertiginosa caída. El nombre que desgarra carne en su propio sacrificio de conocernos: y nosotros que emulamos el sacramento. Fingida mueca nebular se cierne sobre todos tus nombres: la potencia de los tiempos sobre la sangre recaerá.
Firme coraza cubre tu pecho: alegoría de alquimias medievales. Infundieron ellos el incendio que precipitó a su funeral: su señorío cavila en su magnificencia.
Nos han invadido y perdido en la noche. Esta noche. Ese frío. Esa muerte que no puede reconocernos en la trascendencia: porque no debemos precipitarnos a la victoria sin antes caer. Cuatro soles se ciernen ahora sobre el Árbol. La incandescencia del segundo al amanecer, se parece a tu tiempo: cuando nos desgarres de la piel marchita, y nos enseñes lo que se siente.

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3 pensamientos en “Inclinada Vergüenza”

  1. Interesante… antes queriamos alcanzarlo, hoy nos conformariamos con empalarlo a lo mortal kombat. Por demás fuerte la imagen, pero cautivante.

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