Ayeres II

Recordar. Sí, lo suelo hacer cuando las cosas muy bien no andan y debo preguntarme ¿quién soy?, ¿de donde vengo? ¿Hacia dónde voy? ¿De quién es esa sombra si no es mía? ¿Ay, ay, ay, amor por qué me dejaste?

Tenía alrededor de nueve añitos…tirando a diez. Estaba en 5º-6º grado en un colegio franciscano allá en San Fernando del Valle de Catamarca: ”Padre Ramón de la Quintana”. Recuerdo que en el verano íbamos a un tremendo complejo deportivo propiedad de la institución en cuestión (hay que decirlo: la Iglesia Católica no se maneja solo con las limosnas de nuestras abuelitas). Había una chica que me empezó a gustar mucho: se llamaba Sofía. Sonaba este tema en aquel tiempo, y cada vez que la miraba me sonaba en la cabeza. ¿Ahora, la recuerdo exactamente?…

No, solo sé que era no hermosa, pero sí muy bonita. Tez blanca, enormes ojos canela, cejas con carácter. Hubo una ocasión en la que volvíamos en el colectivo del colegio del complejo, y ella se sentó en una de esas sillas dobles. ”Era mi oportunidad”, me dije a mí mismo. Como podrán suponer y como bien sucedió, nunca me senté en esa silla. Creo que una amiga terminó allí: y no es que le hecho la culpa a esa amiga, sino que fue solo una indecisión propia de esos tiempos en los que un sentimiento extraño empezaba a recorrer mi cuerpo…le llamaban timidez.

Ya está, con esto exorcicé un par de demonios. Recordar sirve a entender que uno no solo es el salame que se mira al espejo todos los días: eso viene de largo arrastre. La extensión real de la existencia es mucho más profunda de lo que uno siquiera imagina. Recordar nos hace entrar en conciencia de que hubo antes y habrá después otro tiempo distinto a éste: muchas memorias reposarán por largos años en el inconciente, hasta que un accidente tan poco frecuente como buscar en ‘’youtube’’ a la Zimbawe las revivan.

Y cuando hablo de recordar no hablo de esas experiencias que tuvimos en el pasado, y que las secuestramos y extorsionamos como para que revaliden posiciones presentes. Nada de eso. Hablo de esos recuerdos que nos raptan, y que de los pelos nos arrastran al pasado. Entonces la conciencia egoica cae humillada de rodillas: lo que somos no fuimos, lo que fuimos no es lo que somos…lo que seremos siempre va a sorprendernos. El verdadero recuerdo nos dice, sin más: ‘’el presente es pasajero’’; con todo lo que ello implica.

Y esto cierra, claro está, solo si es que aprendemos a recordar: empresa poco sencilla.

P.D.: A pedido del público, bajé los decibeles semánticos y sintácticos de la exposición escrita, para mayor comodidad de los mismos.

P.D.2: Antes, era mucho menos pelotudo. No sé bien todavía que fue lo que me pasó.

P.D.3: Pero ya lo recordaré…

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2 pensamientos en “Ayeres II”

  1. Lindo che.

    Gracias chango. Me reviviste lindos recuerdos.

    Y con respecto a los PD, imaginate si con el tiempo nos volvemos mas pelotudos, como va a ser mas adelante.

    Gracias por el nuevo nivel de energía sonora literaria.

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