Aspirando por el útero

Un automóvil estrellándose contra un vidrio líquido. La velocidad del impacto forzando a infinitas partículas acuosas a esparcirse por el espacio omnívoro del orbe. El tiempo, cuanto más veloz urde el golpe, más desacelera sus latidos. Cada línea dibujada por las moléculas destroza al velo de la realidad. Se puede casi no contemplar lo incontemplable. Las luces bóvidas de las nocturnas entelequias eléctricas ahogan las gotas de espacialidad en un confín transformidable de virtuosidad. Bengalas isoformes seduciendo al azar perenne y axiomático de las velocidades disimuladas. Una partícula indefensa se desparrama contra el terso pavimento. El céfiro es opacado por las intrascendentes medidas de temporalidad reinantes. Andan tan rápido, que parece no haber movimiento ya. La simpatía de lo perceptible caduca a millones de años luz de un segmento avistado en un punto vacío. Ahora ya no acontece tal sitio, ni tal lapso contenido. Otra gota es emboscada por un retazo de materia atascada en la ausencia absoluta del tiempo. La gran maquinaria parece haberse detenido por completo. Desde una de las esquinas, un trozo desmedido de vidrio fue apartado del todo coexistente. Su lentitud parafrasea a lo repetitivo en la inmovilidad. Una de sus puntas incrusta su filo sutil contra un semáforo titilante; desde allí un vacío constipado moribundea en los márgenes de lo que se puede expresar. Una succión oculta implota desde una onírica diadema. Vástagos escurren a lo real desde las gárgolas jesuíticas del antiguo tótem. Casquillos de máquina móvil, restos de basura en la calle, ladrillos sueltos desde los edificios, árboles muertos, rostros, sombras penumbrosas, recuerdos, sueños, gritos, collares, aromas, silencios, fulgores, luces, tiempos, ideas…todo es suspirado por una abertura hacia lo insondable. Brusquedades atónitas por el brebaje transparente del seno de una vivificación inverosímil. Nada, y ni eso aún siquiera es. Los pensamientos comienzan a moverse anónimamente, junto con el viento. Las prontitudes nefastas interactuando entre grietas fantasmales engendran una escisión imprevista por tal bisturí metafórico hacia lo inmodificable. No pudiendo haber pensado lo impensable, el pensamiento murió en esto: un automóvil estrellándose contra un vidrio líquido. Llovía…

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