Breves reflexiones sobre la idea de igualdad

De todas las cosas que se denuncian, jamás ha hecho tanto silencio el mundo (al menos desde el murmullo de ultratumba) acerca del genocidio en el continente africano. “Acerca de las cosas que no se puede hablar, mejor callar”, diría con ustedes el pensador de lo impensable.
Porque nos ha parecido correcto tomar como vanguardia, a cierto pensamiento moderno: la idea de igualdad. Y esta idea, nos ha vaciado de contenido: nos ha negado nuestras herencias, nos ha hecho callar nuestro pasado. Por ello, parecemos haber olvidado en esa cruel bisección, nuestra sangre e implicancias. Sucede además, que sin identidad, tal igualdad la hemos encontrado en el ámbito del consumo: parece ser allí en donde realmente somos iguales; o en las injusticias, pero no más allá.
La comunión de los hombres debe asumirse, jamás negando la complejidad del humano, pues sería como borrar lo diferente, y enaltecer lo igual inexistente: o al menos claro está, forzarlo.
Ésta igualdad operativa al gran mercader, cuyas conveniencias le suscitan la necesidad de homogeneizar a los pueblos, para poder vender un único e igual producto para la totalidad de los seres consumidores, nos ha vaciado de contenido…
Hoy nadie grita por su raza ni vela por su justicia. Hoy nadie habla de los propios, sino que inclusive se sumerge en la virtualidad desde la cual parece comunicarse con lejanos: tan distintos que se igualan en el único patrón posible de homogeneidad (pensando en el consumismo capitalista, y en todo afán de “internacionales”-siempre colonizadoras-).
Porque remarcar la distinción no implica discriminar al otro: en todo caso, es asumir las discriminaciones de terceros, para casualmente, defendernos. Defender nuestra historia, nuestras tradiciones, nuestro barrio, nuestros deseos, nuestras más patéticas lágrimas.
Exhortamos a los pueblos, a defender su diferencia y a combatir la igualdad como idea moderna que ella pronuncia ser. Exhorto a los pueblos a auto-inferirse con el pensamiento, a auto-reverenciarse con la mirada, a auto-ajusticiarse con la memoria, a no negarse en la igualdad que no tiene (como idea) sustento alguno. “Esta igualdad de derechos, que mutará en una igualdad de injusticias” (como dijo hace casi 100 años Nietzsche), nos ha enjaulado en la virtualidad: ha casi borrado nuestras diferencias, al punto tal de quitarnos nombre e identidad: por eso quizás, será que no encontramos palabra para referirnos a África, y a su lenta extinción en pos de la igualdad asesina e internacional.

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