Intelectuales con bandeja

“Elevado Sión maravillado por las nostalgias análogas: por sobre túneles mestizos. Sus ojos alicientes congruentes a la matanza primigenia: debemos hacer del resto, parte de nosotros mismos…a costa de sus muertes, a costa de nuestra libertad.”

Damián sudaba mucho. Larga jornada de trabajo como cocinero en un bar del centro: de esos clase happy hippie. Se arma después de trabajar, una gran mesa en donde los trabajadores del bar se sirven gustosos de las sobras del Gran Protector. Cuenta en un momento de la sobremesa Damián, del nacimiento prematuro de su hijo que ahora en incubadora, está cumpliendo sus seis meses. Una de las dueñas se sienta en una punta de la gran mesa, y le pregunta:” ¿y no pudieron hacer nada como para sacarlo al chiquito más tarde?”
Damián estaba cansado, hediendo todavía al vapor de la cocina, y sufriendo además de todo, el calor abrasador que aun recorría el aire de la madrugada: “Es que para colmo, no supimos con seguridad cuando fue el en el que lo tuvimos, porque mi mujer aun tenía pérdida ya cuando lo tuvo.”
“Mirá, (le responde la dueña), una mujer por más que coja con quien coja, sigue siendo mujer. ‘O sea…’ Y quizás ella no te dijo nada a vos, pero es imposible que no lo supiese. Andá a saber, capaz que lo tiene ahí escondido al feto desde Bariloche.”
Sonrisas apenas, todas ellas tímidas y abotonadas, despuntaban ante los ojos de Damián. Él tan solo quería llegar a casa, levantarse temprano, e ir a verlo al bebé al hospital antes de Navidad. Damián estampa una macabra sonrisa derrotada al suelo (como si nos lo hicieran más complicado aun).
Su sombra se levanta de la mesa, se despide de los presentes desde lo lejos, no culpándolos por nada: sí ajusticiándose en el silencio. Camina por las calles sombrías de un Tucumán de un 23 de Diciembre. Carcajadas desde los restos de personas en bares diseminados en lo que queda de pie en la ciudad. Un par de sombras como él, tiradas en el suelo, arrastrados por sus recuerdos: sus ojos desorbitados han desaparecido al mundo hace mucho tiempo ya.
Yo llego al departamento. Me siento en la vereda. Dos porteros que se juntan por las noches a compartir olvido se me acercan. No les digo nada relevante, solo hablo trivialidades. Tras un rato de contar anécdotas de festividades pasadas, uno de ellos dice: “Mañana tengo ganas de ir al cementerio. Quiero visitarlo a mi hermano y a mi señora que hace cinco años que no está más entre nosotros…”
El otro le sigue: “Yo también quería ir al cementerio. Quiero llevarlos a mis chicos para que la visiten. Están los que muertos, aun golpean nuestras puertas.”
Entro al departamento, me voy al balcón. En una obra en construcción, a unos treinta metros de distancia, un hombre de avanzada edad prende un fuego dentro de una lata: está por hacerse un té mientras Apolo aletarga el insomnio del mundo en su tos apagada.
Los intelectuales con bandeja de oro, manzanas de plata: balbucean a patadas, las patadas que la historia huérfana de historias mínimas conquista a medida que avanza la grotesca máscara de libertad occidental. Se desprende el rocío del tercer útero, y nuestros niños que no dejan de caer al suelo por el temblor tartárico de sus estómagos: y los padres de éstos. Y nosotros con todas las palabras, ¿qué hemos hecho?
Un año más acude a nuestro auxilio, porque no queremos ver los huesos que hemos dejado detrás. Los futuros explotadores explotados, de pie. Los futuros asesinos asesinados: de pie. Los futuros victimarios, víctimas: de pie. Los futuros futuros, pasado: es nuestra esta historia la que se repite en la ausencia deliberada de recordarnos perdidos en un único olvido compartido…Damián alzará a su hijo pequeñito mañana con sus grandes manos, y llorará un eclipse imborrable.

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2 pensamientos en “Intelectuales con bandeja”

  1. Y todavía están los que se lavan las manos con un “el problema es del sistema”, o “el problema son los otros”, o “el problema está en que no limpiaste la bujía”…

  2. Siempre me pareció medio feo el tema de que los empleados comen luego del trabajo, es encubiertamente, una dinámica media rara, del estilo: coman cerdos que el dueño cuenta la plata…

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